Hablemos de E-Waste: el flujo de desechos electrónicos

Entre los temas que más nos interesan como comunidad se encuentran, en primer lugar, la innovación tecnológica junto al avance digital -la Cuarta Revolución Digital que impacta el mundo- y cómo estás impulsan la creación de nuevas soluciones para la Eficiencia y Productividad en el control y monitoreo de flotas. Sin embargo, y a pesar de todos los beneficios que proveen al desarrollo, no podemos ignorar un problema que subyace a ellos: los Desechos Electrónicos. 

Los E-Waste, como también se le conoce por sus siglas en inglés, actualmente componen el flujo de desechos de más rápido crecimiento en el mundo según el World Economic Forum. Para agosto del año pasado, esta Organización Internacional para la Cooperación Público-Privada, estimó que se generan el equivalente a 4.500 Torres Eiffel de residuos electrónicos en un solo año ¡Impactante! Y solo el 20% de la basura recolectada es reciclada. 

Según estudios publicados en Statista la cantidad global de E-Waste durante el 2014 estuvo compuesta principalmente por 12.8 millones de toneladas métricas de equipos pequeños, 11.8 millones de toneladas métricas de equipos grandes y 7 millones de toneladas métricas de equipos de intercambio de temperatura (incluidos los equipos de refrigeración y congelación). 

El avance tecnológico evoluciona rápido, dando pasó a nuevos productos: por un lado existe la obsolescencia programada, definida como la vida útil que una fábrica o empresa le da a un producto y que pasado ese periodo de vida el objeto se vuelve inútil u obsoleto. Y por otro lado, tenemos la creciente demanda de consumidores que, independiente del motivo (obsolescencia de función, de calidad o por deseo), desechan el producto de una manera inadecuada aportando al flujo de basura electrónica y alimentando el ciclo de producción masiva. 

¿Sabían que gran parte de los dispositivos eliminados se importan a países donde las regulaciones son menos estrictas? Si bien algunos de los componentes de esta basura electrónica tienen valor y pueden extraerse, como el hierro, acero u oro, otra gran parte pueden ser tóxicos, por ejemplo el mercurio, arsénico y cromo. En otras palabras, el procesamiento de estos desechos puede ser dañino para la salud humana, mientras que la liberación de materiales tóxicos puede ser perjudicial para el medio ambiente. 

La Transformación Digital es un momento crucial para hablar de este problema. Por este motivo, los invitamos a reflexionar cómo podemos responsabilizarnos por nuestra huella de E-Waste. Actualmente, algunos expertos en la materia invitan a diseñar cosas pensando en el momento de desprendernos de ellas, esforzarse por cubrir todo el ciclo de vida de los dispositivos: desde la producción hasta la remanufactura. El reciclaje de estos desechos electrónicos es un punto de inicio, sin embargo, lo más beneficioso en términos de huella de material viene a ser la reutilización y la minimización del consumo. 

Al final, sólo existe certeza en un punto: para un impacto medible a largo plazo, es necesario que consumidores y fabricantes reflexionen sobre el ciclo de vida de los productos electrónicos.