Transportista… Hay Camino, no se hace Camino al Andar

Logística y Planificación de flotas con Sistemas de Ruteo: Cuando se habla de Sistemas de Ruteo, mucha veces se están generalizando una gran variedad de aplicaciones de planificación y optimización de flotas de transporte con capacidades más interesantes que solamente indicar la ruta a seguir.

Al igual que en las demás tecnologías para la Logística, los sistemas de apoyo al transporte poseen dimensiones estratégicas, tácticas y operacionales. Así, tenemos sistemas que apoyan el diseño y conformación de la flota de transporte, otros que apoyan la planificación de las rutas, unos que optimizan dichas rutas y, por último, los que controlan el cumplimiento de la planificación realizada. Naturalmente, dependiendo del tamaño y tipo de solución, hay funciones que se cruzan y son englobadas por la misma tecnología.

Logística y Planificación de flotas con Sistemas de Ruteo

El enfoque de la Planificación

En términos generales, lo que respecta a Planificación podemos dividirla en 2 tipos: 1) La que está orientada a disminuir al máximo los tiempos de entrega/retiro (tiempos entre cada parada) o maximizar el número de entregas/retiros en el tiempo. 2) La que está orientada a maximizar la utilización de la flota y, por ende, a minimizar los costos de transporte.

Aunque puede parecer sutil, la diferencia es muy importante. La primera es una optimización con el foco en mejorar el servicio, respondiendo a la pregunta ¿Qué configuración de flota de transporte y rutas necesito para cumplir a mis clientes los tiempos comprometidos en por lo menos un X% de los casos? Es decir, “mejorar el servicio sin gastar más”.

En el segundo caso, la optimización está orientada al ahorro de costos. Es decir que responde a la pregunta ¿Qué configuración de rutas, sectores, tipos de vehículos, flotas externas, etc., debo conformar para lograr ahorros en el transporte de un X%? ó ¿Cuál es la combinación de rutas, sectores, etc., para la flota actual (sin realizar cambios en ella) que me maximice el cumplimiento de mis clientes? Es decir: “Mantener el servicio gastando menos”.

Dependiendo de la calidad, facilidad y características de la solución escogida podremos jugar con las diferentes variables, reconstruir las simulaciones y así lograr el mayor X% posible con los siempre escasos recursos disponibles. Entre las variables que se consideran están, por ejemplo, la utilización de centros de transbordo o consolidación, el uso de flotas propias, subcontratadas o mixtas, los diferentes tipos de vehículos y sus capacidades, los modos de transporte, sus costos, cobertura y disponibilidad, etc. Todas ellas combinables de diferentes maneras para responder a preguntas como:

¿Cuál es el número óptimo de rutas?, ¿Cómo asigno los clientes a las rutas? ¿En cuántos sectores debiera dividir las zonas? ¿Cuál es la secuencia optima de las rutas? ¿Cómo manejo las operaciones de despacho? ¿Cuál es la asignación optima de recursos? ¿Dónde se van a encontrar mis vehículos en el transcurso del día? ¿Debería de correr rutas fijas, rutas maestras o rutas nuevas cada día? ¿Debería diseñar zonificacion de clientes? ¿Qué tan frecuente visitar a los clientes? ¿Qué días? (Lunes-Jueves, Martes-Viernes, etc.), ¿Cuántos vehículos y choferes necesito para satisfacer a mis clientes? ¿Qué tipo de vehículos debo utilizar? ¿Cómo cubro una demanda excesiva en casos de contingencia? ¿Cómo enfrento la estacionalidad de pedidos?, etc.

Al responder estas preguntas, basado en simulaciones matemáticas, se tienen ya las directrices para lograr una reducción de costos o recorrer menos kilómetros o recorrer los mismos kilómetros en menos horas o con menos vehículos, o visitando más clientes con los mismos vehículos, etc.

Obviamente, esta planificación táctica previa es más relevante y significativa que el generar la ruta óptima para un viaje en particular. Función que si bien es importante, constituye la guinda de la torta de un proceso de optimización que, como vemos, empieza antes.

Las rutas óptimas

Abordando ahora a la dimensión operativa, es decir, el poder “decirle al camión por dónde debe irse”, nos encontramos con que su relevancia dependerá del tipo de negocio, el que al fin definirá la periodicidad con que se deberán generar nuevas “rutas óptimas”. Así, las rutas pueden ser prácticamente fijas, por ejemplo en el caso de un correo interno entre sucursales de una empresa. Pueden tener escasa variabilidad (por ejemplo mensuales) como las rutas de vehículos de reparto de suscripciones a medios impresos. Pueden ser diarias como muchas empresas distribuidoras o en el caso extremo, muy variables e impredecibles, como las de una empresa de ambulancias o las flotas de vehículos de emergencias de los servicios de utilidad pública.

Naturalmente, mientras mayor sea la variabilidad de las rutas menos tiempo habrá para generarlas. Siendo fundamental en esos casos que los sistemas de ruteo interactúen directamente con los otros sistemas que definen las paradas.

Como por ejemplo los sistemas de pedidos, los WMS, los sistemas de Call Center, etc., permitiendo redefinir las rutas en forma dinámica según los requerimientos de transporte que van surgiendo en tiempo real. Una vez que se tienen todas las variables acotadas (en la medida de lo posible) y la información ya ha alimentado al sistema, se generan (¡Por fin!) lo que conocemos como Rutas Óptimas, las que se basan principalmente en la información contenida en la base de datos cartográfica propiamente tal.

Los sistemas más modernos y completos consideran una serie de variables que aumentan la exactitud de la optimización, pero que deben estar contenidas en la cartografía digital. Entre las variables que se consideran (adicionales a las distancias), las más típicas son: Sentido de las calles, ancho de las calles, nivel de congestión, velocidad promedio, y restricciones de ingreso a zonas todas dependientes del día y hora.

Adicionalmente se pueden considerar otras como el tipo de vehículo (altura) y pasos bajo nivel existentes en la ruta, prohibiciones de doblar en algún sentido, restricciones en el cliente por tipo de vehículos (tipos de andenes, puertas, etc.), ventanas de atención y tiempos de espera históricos en los puntos de destino, entre otras.

Con toda esta enorme cantidad de información, sumada a la macro planificación realizada previamente, a la disponibilidad de vehículos ese día en particular, a los pedidos que cumplir y otras variables que pudiesen surgir, los sistemas revuelven, mezclan y baten todos los ingredientes y después de prender unas cuantas luces, aumentar la temperatura de nuestro procesador, y una que otra parafernalia más mientras se “realiza la corrida del modelo” como les gusta llamar a los expertos a ese culmine momento, obtenemos las tan deseadas rutas óptimas para cada uno de nuestro óptimos vehículos.

Mientras miremos orgullosos las rutas generadas, sobándonos las manos con los ahorros que produciremos y sonriendo de las mejoras al servicio que lograremos, debemos estar concientes que nada nos asegura que, en la práctica, esas rutas se cumplirán, requiriéndose para ello otras tecnologías, de Control y Monitoreo, pero esa ya es harina de una próxima columna.

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Autor: Rodrigo Serrano
Vicepresidente de Innovación y Desarrollo Wisetrack Corp
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